11 septiembre, 2009

Obsesiones enfermizas. Alfonso Ussía

Hace algún tiempo (cuando se debatía sobre el tallaje de la ropa) se publicó un artículo de Alfonso Ussía en el que atacaba a las mujeres vascas, aludiendo que necesitarían una nueva talla para ellas, comparándolas con unos cetaceos marinos.

Por lo visto, este enfermo no tuvo suficiente con la mierda que sacó la otra vez. El odio lo tiene enquistado muy muy dentro, yo creo, porque no hay vasca que acceda a sus depravadas peticiones.

Y le ha vuelto a dar por vomitar.
Esto es lo que publicó el día 5 de Septiembre en La Razón, haciendo gala de sus exquisito modales y sus valores como periodista.

"Singular" Alfonso Ussía

Lo de la fugada etarra es singular. No que haya huido. No que un juez, de acuerdo con la Ley, le haya permitido abandonar la cárcel con una fianza de doce mil euros. No que se haya despistado un poco el Ministerio del Interior. Nada de eso es singular. Lo singular de la terrorista Aranalde es que no es tan fea como el resto de sus compañeras de sangre.


Uno se encuentra a Maite Aranalde en un bar, y no produce quebranto estético. Sonríe bien. Creo que se dan en su caso dos circunstancias de distinta índole. La primera, la policial, depende de las Fuerzas de Seguridad. La segunda, la física, demanda un estudio analítico y científico. Una etarra con el rostro y la expresión agradables no es una terrorista habitual. Alguien dirá que también era agraciada físicamente «La Tigresa». De acuerdo, pero tenía cara de zorra. A «La Tigresa» se la encuentra un putero en un bar y le ofrece una tarifa por servicio cumplido. En cambio, a Maite Aranalde se le convida a una Coca-Cola.

Y hay una tercera etarra que rompe la norma de la fealdad. Liarni Armendáriz, la que formó parte del comando que asesinó a un policía municipal de Barcelona y quiso mandar al otro barrio a Luis Del Olmo. Liarni, cuñada de Chiqui Beguiristain, jugador de la Real Sociedad y del «Barça» y hoy director técnico del F. C. Barcelona, además de terrorista, fue la profesora de vascuence del periodista Pepe Rey, que en paz no descanse. Bien, pues Liarni no es un adefesio, o al menos, no lo era cuando fue detenida. Escribe Jon Juaristi en su formidable «Bucle Melancólico», que la abogada batasuna Jone Goricelaya, la que recibió la rosa blanca de manos de Pilar Bardem –por ello, con toda seguridad, Monteseirín le puso su nombre a una calle de Sevilla–, era en su juventud una mujer bellísima, lo que supone otra rareza, porque los documentos gráficos que poseo de manifestaciones batasunas son repugnantes.

Tías vociferantes, feas, espesas y con los surcos de la perversidad en sus expresiones homínidas. Un espanto de mujeres, en una palabra. Coños de vitriolo y de cianuro. Morsas. Un disgusto para Sabino Arana, que tanto gustaba de la belleza de la raza vasca. Disgusto que aliviaría disfrutando de la armonía y el paisaje humano de Arantza Quiroga, que es del Partido Popular. Pero me voy por las ramas, lo cual es compresible, porque estoy escribiendo de primates.

Y claro, siempre se dan excepciones. A Maite Aranalde no le ha deformado el rostro ni la expresión el odio que lleva dentro. Es un caso de resistencia de muy alto interés. Reparen en la Beloqui, que salió de la cárcel por un auto estúpido para ser inseminada de manera artificial, y ni por esas. –«¡El último, nena!», gritaron los espermatozoides, y salieron corriendo, pero al revés. «Cualquiera entra ahí», comentó el espermatozoide más fuerte poco antes de doblar la servilleta. Espeluznante final de una corta y congelada vida.

En el terrorismo etarra y su entorno, la fealdad femenina es una realidad pavorosa. Hay menos guapas que agentes de «Atención al Cliente» en Digital-Plus, que siempre están ocupados. Y por una que no es del todo fea, la arma con su fuga. Caerá pronto, aunque no parezca una terrorista".

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